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= El siniestro por Juan Cruz Piccirilli =

Agradecimientos: Editar

Le agradezco especialmente a Jonatan Rondin ya que sin él hubiera sido imposible redactar este libro, a mi hermana Maria Paz que también colaboro a su manera, a mis padres que me escucharon y financiaron este libro, al taller de escritura “La curiosidad que mato al gato” y por ultimo pero no menos importante a Lautaro, Milagros, Paula, Fiamma Y Tomas por inspirarme a hacer este libro.

Capítulo 1: Esperando el amanecer Editar

Era un lugar frió y lejos de parecer acogedor, sin embargo una extraña familiaridad me unía a cada uno de los perdedores que allí sentados se encontraban, el mozo tenia ojos cóncavos, profundos y desorbitados que parecían que no se llenaban ante el desesperante vacío existencial, sin embargo era al único que podía confiarle mi historia porque su cara me recordaba a la de mi abuelo y sentía que con él podía descargarme. Mire a mi alrededor y vi aquellas almas en pena que dado su estado de ebriedad parecían como ignorar lo que ocurría allá afuera, un siniestro, cuanta tristeza podrían sentir en su amargo corazón helado para pasarse allí todo sus miserables días.

Miles de asuntos pendientes volvían a mí, al igual que autos pasando sin detenerse,  ellos querían arrebatarme la cordura, recordé sus ojos verdes que se volvían miel con el sol y es gracias a mi corazón roto quizá y a la rescilencia  que aun hoy sin que ella esté aquí puedo dedicarle mil poemas más. Solo yo sé quién soy, recordaba cada vez que me desangraba cuando de mi huía, cada lagrima que se derramo en mi rostro al ver que de este vacío no hallaba salida, si la herida cicatrizo y como un marca de Caín para siempre en mi quedo sellada. Pensaba bebiendo en el bar.

Escuche bombas en las calles explotar y como un gran estruendo hacia a las aves chillar ¿Qué hare esta vez sí me pierdo? Si ya no vuelvo a sentir el calor de su mano junto a la mía, estaba cediendo, me estaban ganando, bombas explotaban y marzo me ganaba.

Le pedí una botella de cerveza al mozo, con el primer sorbo de ese dulce licor empecé a recordarla y  me desinhibí, le conté de la mujer que había amado, le conté de mi miedo a  que en mi memoria hoy se desdibuje su rostro,  de mi miedo a no hallarla más en mis sueños.

Pero huían mis recuerdos, mejor arranquemos por el principio.

Conservaba permanente esa imagen incrustada en mi cabeza la de aquella tarde, cuando apenas era un niño caminando solo, entre las casi desiertas calles de esta ciudad, con el pavimento roto por el calor y la lluvia, lleno de crímenes e intoxicaciones. Los policías recorrían estos barrios todo el tiempo  buscando algo que no sabía con certeza que era, buscando respuestas, cosas que yo a tan corta edad no entendía, la gente había empezado a desaparecer, Ahí y ahora fue cuando mi mundo se vino abajo y desde ese momento todo empezó a salirme mal, me entere que mi abuela había muerto y no podía hacer nada al respecto desde ese momento lo único que vieron mis ojos fue dolor. Ahí y ahora fue cuando ese misterioso ser me atrapo, y mis ojos cambiaron para siempre, al ver el cielo con dolor, ese fatídico día se encontró con mi alma desolada que ya hecha pedazos estaba; ahora yo formaba parte de esa nada de la que había trataba de huir, formaba parte de ese ser siniestro, de tanto caminar, de tanto dedicarme a la búsqueda de respuestas ante ese abominable vacío, pude ver la imagen de como yo mismo caminando me encontré en una esquina llorando perdido en el mundo, perdido en la vida.

Muchas fueron las noches en las que luego no pude dormir, el miedo me invadíatrate de buscarla por todas partes pero nadie me decía nada en concreto, ¿A donde había ido? Abrasé a mi madre como nunca antes la  había abrazado.

Seguía ahogando penas en mi vaso de cerveza, sentado en la barra, miles de cosas se me venían a la cabeza, y me arrepentía tanto de haberla tenido tantas veces de frente y nunca poder decirle un simple te amo… Y me pongo pálido, me cortaría la garganta para desangrar las palabras que nunca pude decirle, mi cabeza parece que va a estallar, porque los nervios llegan cuando uno frente a los demás se siente demasiado pequeño, no son ni de cerca buenos momentos.

Pese a que el mesero me miro con cara rara yo continúe narrándole mi historia.

En la escuela me iba mal, sufría de insomnio y me retumbaban los gritos de mis padres en la cabeza. Estaba cansado de todo, tanta presión y que me vivan diciendo lo que tenía que hacer, lo que está bien y lo que está mal, necesitaba de un nuevo comienzo para encontrar mi calma, para decidir y pensar, pero siempre estaban con lo de que luego de terminar la escuela tenía que conseguir trabajo para ganar plata y ser alguien.

¿Qué tiene de malo lo que nosotros queremos ser? Eso no le importa nadie aparentemente, nadie se fija en tus sueños y en ese alguien que realmente queremos ser. La identidad no pasa por el trabajo que consigas, pasa por saber que es uno realmente, no somos un numero nomas, esta sociedad nos trata como si fuéramos cosas en vez de personas.

Te quieren meter la idea en la cabeza de que si tienes tal título o si ganas tanto somos mejores personas y eso no tiene nada que ver, estamos acá para saber lo que somos no para que venga alguien a imponerlo, pero no importa lo que pienso aparentemente, tenemos que hacer lo que nos dicen que hay que hacer y nada más.

¿Qué es lo que nos quieren enseñar a que nuestros sueños no se van a cumplir? ¿Eso es educación? De a poco dejan de enseñarte cosas y empiezan a enseñarte a ser esclavo del sistema y el que no se da cuenta sigue ese camino y así terminan todos.

Viejos de mierda enseñando que no vas a lograr nada de lo que te propones porque a ellos lo mismos eso se les enseñó. Hay que salir de todo eso, hay que romper esos esquemas, para eso está la música, para esos están los libros, para eso está el arte para ser libre de todo eso.

Pero como tienen la cabeza tan lavada por querer ser libres nos tildan de vagos. A menudo me imaginaba triunfando como artista y cerrándoles la boca a todos esos hijos de puta que me quisieron "poner los pies en la tierra"

Volví a pensar en mi madre, Demasiadas preguntas y tan pocas respuestas, era alguien tan inocente, tan pequeño y no tenía nadie a quien contarle mis problemas hasta el día que los conocí a ellos, se hacían llamar los ñeris era un grupo de chicos y chicas amantes del rock, adictos al alcohol e iban contra todo tipo de idealismo, no me acuerdo como sucedió porque el alcohol hizo un hueco en mi memoria pero desde ese momento nos hicimos inseparables.

Fue en esos días que descubrí que en la soledad se conoce la amistad, ellos tenían una especial sensibilidad frente al mundo y por eso a partir de sus adicciones buscaban escapar de él y no los culpo, es difícil aguantar este presente, más con toda su vasta inmensidad.

Pero había una en especial, sus ojos verdes se llevaron todos mis sueños, sus ojos me dieron las palabras para rimar mil versos, recordaba su cuerpo sosteniéndome cuando por las noches caía y diciéndome que siempre estaría, porque me cuido tanto y  ahora tanto me cuesta valerme por mi mismo, el aroma de su pelo castaño, el martirio de mi alma marchita.

¿De qué me sirve sin ella que despierte  mi conciencia?, ¿De qué me sirve la eternidad si no puedo compartirla?, los suspiros del agónico cielo de la noche estrellada que hace mucho murió e igual sentía que su alma podían tocar, consumiéndome en el tiempo ¿De qué sirve si no está a mi lado? El gris  no es un color cálido, el miedo no es un agradable sentimiento.  

¿Qué es del miedo?  ¿Qué es del mundo? ¿Qué es de la circunstancia? ¿Qué es de la nostalgia? ¿Qué es de los amores no correspondidos y las botellas de cerveza? ¿Y de la delicadeza? Llora penas mi corazón con un amor inmortal, ¿Acaso lloras tú? ¿Qué es del sentimiento que en todo está? ¿Porque  estando con ella mi dolor se detuvo?  Y ¿ Quién era ese ser que veía todo lo que hacía?

Recordé a mis amigos, recordé sus ojos rojos en la madrugada del tiempo, recordé que hace mucho no los visitaba, su cabeza loca llena de sueños, su intento fallido de recuperar neuronas durmiendo, sus heridas, las melancolías de un presente, cuando me estuve por derrumbar pero un amigo me tendió con firmeza la mano, primero llore en silencio y luego no aguante el llanto, llore porque no hay arco iris que calme mi tristeza, camino que consuele mi desesperación, ni espirales que me guíen hacia adelante a partir de ese momento buscaría la melodía en cada una de las cosas, cada lugar tendrá su canción, su verso, su llanto, pero también su risa, en la esquina de la vida, en la vereda que alumbra y no alcanza alumbrar el sol, trataría de oír el tono, las palabras que alguien allí susurro, o quizá nunca dijo, pero de igual manera impregnadas allí quedaron, buscares las palabras que me ayuden a amar mi destino en el viento, en el aire que este pueblo respira.

Capítulo 2: Mi Madre Editar

El mesero parecía escucharme con atención y yo me preguntaba acaso ¿Para qué quería saber de mis madrugadas besando botellas y viendo al diablo llorar? Le conté que no soporte esta vida y me hice alcohólico y noches como estas yo rehuía de la vida y permanecía en vigilia 4 escasas horas más. Me pidió si podía apurarme a contar mi relato y yo le respondí  que si me apuraba a contarle este melodrama al igual que en mis cuadros los colores del lienzo se apagarían y tal vez vuelva la amarga soledad, entonces decidió apartarse y yo decidí continuar mi historia en mi cuaderno.     

Mientras recordaba las pinturas de paisajes y personas que había echo, mi vida todavía parecía que se dividía en lo que yo quería hacer y en lo que otras personas esperaban de mí.  veía el humo de cigarrillo del bar tan parecido en mi mente al humo de hojas quemadas de esta ciudad, de hojas quemadas en un neutral otoño, en un invierno que fue malo, en la inexistente primavera o en el sufrido verano que escribo esto.

El invierno fue malo porque cuando llego la lluvia de invierno también llego la tristeza de saber que un par de píldoras no suplirían los esfuerzos de alguien que le dedicaba más tiempo a la pintura que a otra cosa. Pintar era mi pasión, y tal vez ganara menos vendiendo cuadros que haciendo otra cosa pero no cambiaría mi vocación por nada en el mundo.

Aun no sabía qué era correcto, necesitaba tiempo para decidir lo que quería, para ver si podía plasmar más que en solo mi cuaderno los poemas que guardaba. Despertarme y mirarme y saber lo que hago y si me gusta. Las cadenas de miles de sueños ajenos me ataban a mí y a todo la sociedad.

Supongo que mi madre me quería pero realmente no me entendía, a mí me gustaba pasarme el día entero pintando y escribiendo poesía, pero mi madre renegaba si por descuido manchaba uno de sus muebles o pasaba mucho tiempo sin salir de casa. Ella a veces sin querer mataba mi instinto creativo y yo a veces mataba su paciencia, mi madre era feliz con mi familia y yo sin querer me autodestruía cuando no podía crear.

A menudo me sentía abandonado, abandonado como solo un suicida puede sentirse y sufría tremebundos ataques de ira en el medio de desvaríos, me la pasaba dando cabezazos, patadas y puñetazos contra la paredes, y mi madre lloraba y yo lloraba. Mientras los muebles y demás objetos eran arrojados a su fin por mi mano, entre sollozos y lamentos y el posterior desvanecimiento donde yacía inmóvil como dormido, con la mirada perdida, perdida en un sueño donde quizá si pudiera encontrar a mi alma gemela misantrópica y demente como yo.

Febril y caóticamente luego me levantaba y me lamentaba por lo que había hecho, otra vez mas había perdido la guerra contra mí mismo. La primer botella que había pedido ya estaba vacía y yo también. Luego yo me encontraba bien pero mi madre quedaba agotada y agobiada, yo tenía un dios en mi interior y cuando mi autoestima estaba baja solía presumirle a mi madre que era el, pero mi madre no me entendía ya que ella creía en un dios que según ella se encontraba en el cielo y para mi ese dios ya había muerto hace mucho y nadie adoraba a mi dios ni siquiera yo mismo, por eso mismo a veces lo confundía con un demonio.

A veces lo único que necesita una hombre es una mujer que lo abrace pase su mano por su rostro, su cabeza, mientras el reposa entre sus piernas y lo haga olvidar, pero la soledad la conoce uno de primera mano cuando está solo en un bar a las 3 AM con un vaso de cerveza, solos yo y la cerveza así no es como empezamos, así es como nunca quisimos terminar, me di cuenta que en cada mujer que había amado estaba buscando la madre que me había abandonado.

-Ayúdenme- Suplique ante la nada misma, al vacío eterno de la noche, yo no estoy bien sigo sintiendo que mi madre me ha abandonado y me pesa, sinceramente me pesa mi soledad.

Y ahora apenas me soporto entiendo mejor las cosas pero el maldito espejo se deforma y ahora que puedo hacer si después de tantas desdichas y miserias mis ojos que parecían ser totalmente negros estaban rodeados de rojo luego de tanta rabia, ira, llanto, luego de tantas carcajadas desenfrenadas ¿Ahora que se supone que haga si me vi y en mis ojos tenía la mirada de la maldad? ¿Acaso trato de llenar el horroroso vacío con violencia? Soy una copa que esta medio rota.

Esperaba paciente mi nueva muerte espiritual en ese bar, por la noche, a las tres de la madrugada, donde las ausencias se hacen más presentes que nunca y arden las estrellas, en un abismo de penas sin fin, me dedique a la abulia y a pendular, a contemplar la imagen donde no había otro incentivo que el vació, el desesperante vacío. ¿Que era yo? Solo otro hijo no deseado de la soledad, de la sociedad.

Y al día de hoy sigo preguntándome ¿Dónde está mi mente?, dedicando mis semanas de violencias a padres que no están, tan difícil es mantenerse en pie cuando uno por dentro se derrumba, sólo quiero dormir tranquilo y, al despertar, poder inventar una nueva excusa para alcanzar nuevamente la noche sin haberme volado los sesos, y entre mares de gente ¿Cuantos tardaste en ahogarte en soledad? Y entre mares de gente ¿Cuánto tardaste en volverte uno más del montón?

Es cierto que tengo heridas en el alma pero sigo evitando las lágrimas para no manchar las páginas de mi cuaderno con mis pesares, ira ciega, entre el sueño y el hambre, la luna y el sol, veo la gente, veo sus lamentos esos que no le dicen a nadie. ¿Cuantas batallas más faltan para que esta guerra termine? ¿Será acaso que tengo el cuerpo fatigado y por eso mi mente se desmorona? Mi alma ya no sangra pero vomita la cerveza de las tres, pensaba en Bukowski, pensaba cuando la tristeza se vuelve tan intensa que se convierte en otra cosa, como un vaso de cerveza.

Yo no estaba bien, no a eso no se le podía llamar estar bien, sostenía un bolígrafo en mi mano... noches en vela, pensando mientras escuchaba música, ¿Por qué todo había sido tan injusto? Sin embargo no podía exclamar ni una sola palabra porque mis palabras habían sido arrebatadas de mi boca, solo me dedicaba a pintar, descargar presiones pintando, es más yo quería ser un pintor y deleitar al mundo con mi arte, pero mis padres me decían que deje de perder el tiempo con estupideces y me concentrará en las cosas serias de la vida y si ya no podía pintar era simplemente alguien vacío, alguien que le teme al propio vacío de su desesperación, de su soledad,

Me he hecho cenizas y renacido como el fénix unas cuantas veces como un perdido, como un desolado, como un olvidado de su carne brotando endurecido y pálido como un adiós, que terrible crimen he cometido he hecho de mi vida una poesía oculta en estos papeles. Nadie más que nosotros puede definir lo que somos ya que somos lo que elegimos ser. Ya no puedo llorar mis lágrimas fueron reemplazadas por pastillas, ¿Que será del infierno que se producía cuando nuestras miradas chocaban? Si el mundo ahora no es más que mi botella de alcohol ¿Dónde estará mi respuesta?

Capítulo 3:Clara

Seguía recordando…Esa había sido una noche larga y tortuosa, morían los árboles y las flores en esta estación, también moría de a poco mis ganas de hacer algo. Ya no tenía ganas de caminar pero aun así debía hacerlo aunque sea arrastrando mis míseros pies por las calles, mientras escuchaba la única música capaz de tocar mi alma el rock.

Ellos, los ñeris, eran Clara la chica con los ojos verdes más bonitos del mundo, Gualicho su novio y aparte de eso mi mejor amigo, Anabel una chica con un corazón roto y una cabeza loca llena de sueños y aparte de eso mi mejor amiga, Mateo alguien ingenioso, creativo y brillante, Gina una hermosa rosa negra y yo que a decir verdad ya he hablado mucho de mí. Cada uno era un artista y un bohemio a su manera, Gualicho y yo éramos adictos al café, Clara prefería el té y amaba el vino, vestíamos pocos colores aparte del negro, como los extraño.

Clara, ¿cuantas horas irrecuperables desperdicie? Y ¿Por qué ahora añoro el recuerdo de miles de eternidades que ya no tengo? ¿Por qué lo haces tan difícil? Claro que puedo vivir sin vos, pero no quiero hacerlo, te quiero junto a mí, ahora estoy escaso de suertes, me cansa tener tanta gente alrededor, entre mares de gente yo me hundo en soledad si tú también lo hacías ¿Por qué te alejaste de mí? Si sabes muy bien como yo que hoy no acabare esta tempestad ¿Por qué no vamos a dolernos juntos a algún lugar? Esta amargura termina si me doy cuenta al final que cada segundo contigo es lo que importa más.

Yo ya estalle, me hice cenizas, pero para volverme a armar no hay ninguna prisa, permanezcamos dispersos en la nada, reconstruyámonos juntos, que ya no seamos dos seres apartados, quiero que seamos uno, qué quieres que haga si eres lo único que no se rompió en mi corazón despedazado y cuando por fin pude escucharlo lo único que hacía era repetir incesantemente tu nombre lo única luz al final del túnel fue la tuya y tú me mostraste que en realidad el túnel tan solo era una ilusión, no te puedo olvidar, boicot de mi cabeza.

En mi mente quedan heridas se desangran cuando las miras, recuerdo cuando se desangraban mis palabras, recordé también cuando me desangre el alma por perderla y esa misma sangre la use para pintar, era verdad no eras mía. ¿Acaso abras olvidado o no has notado? Los suspiros que me provocabas, la paz que en mi causabas.

Yo Perdí un poema, que había escrito hace mucho tiempo y no lo encontré por ninguna parte. Quizá su razón de ser, lo que provocaba su belleza se había extinguido o quizá precisamente para no hacerlo, escapo de mi suerte, para no correr el destino atroz de la muerte prefirió el destino atroz del olvido.

El poema era algo como esto...   

“Señorita, esta bella madrugada los lugares no son nada y los vicios libertad, si escucha en el silencio malogrado hay ritmos desenfrenados y preguntas por hallar”

Ese era el poema que nunca pude decirle a Clara, la chica de ojos verdes, una más de los ñeris, la  chica que amaba, no recuerdo su risa ya, esa que me alegraba cuando los crueles sentimientos de madrugada me invadían.

Capítulo 4: El ser siniestro Editar

Ellos los ñeris fueron soldados que fueron combatir la guerra contra sí mismos y algunos perdieron, son payasos que comprendieron que la vida era un gran engaño, son lo que eligieron ser, con sus cabezas locas, algunos con pastillas para soportar la vida… ellos eran los únicos con los que me interesaba estar, ya que ellos habían sufrido como yo, conocían la decepción propia y ajena, las risas falsas que tratan de simular alegría, el amor y el rechazo, la nostalgia…

Antes era todo tan divertido, la promesa de permanecer siempre juntos se ha roto, la soledad, nos hizo caer juntos pero cuando caímos nos rompimos y me perdí, ahora siento miedo, demasiado, desaparecieron mis amigos aquella gente tan extraña, extraño mucho los viejos tiempos, quisiera que volvieran algún día.

con los ñeris nos perdimos en la noche, a través de vasos vacíos, llenos, rotos...mientras el crujir de nuestra pena nos asustaba, Lejos ya de la luna, lejos ya del sol, de las estrellas, de la tierra.

Pisoteando hojas debajo de los árboles, aquellas hojas que el viento se negó a reclamar, cuantas veces alguno de nosotros habría estado internado en hospitales padeciendo diversas enfermedades y se habria sentido de alguna manera cerca de las cárceles y la guerra.

Vi en ellos ojos que no brillaban, carne con temor que infundía temor al alma, vimos el pavimento roto por el calor, la lluvia, el tiempo, recordamos  las personas que se desvanecieron en nuestras vida. Ambiguas vidas teníamos, profundas heridas nos  habían dejado, estábamos  dando vueltas por ahí sin sentir el último giro de la noche que se hace de día, sin saber dónde ir, dónde regresar al sentir que no pertenecíamos a ninguna parte.

Filosofando o inventando alguna loca poesía sin sentido, recordando nuestros  proyectos no alcanzados, cansados, cansados de todo, consolándonos el uno a otro para no llorar.

Sin saber cómo vivir, eternizando nuestra soledad, mandando a la mierda el universo  sin poder aceptarlo.

Sentíamos  hambre y desesperanza, íbamos viendo las sombras, la ceniza, la poesía de este pueblo. Recordábamos los llantos y los crímenes, las noches de intoxicación que habíamos vivido juntos, cuando vimos  los techos volándose por el viento y escuchamos  las motos pasar.

Ahora nosotros éramos como perros vagando incesantemente en la noche, como fantasmas  recorriendo todo el pueblo,  Y  nos callábamos muchas de las injusticias que cometían nuestros padres solo por temor, el temor a no saber vivir.

Pero igual reíamos, reíamos mucho en la noche para no sentirnos tan solos. Mala música de vez en cuando sonaba,  peor letra tenia. en el pueblo había cajas, cartones, cartoneros, yo respirando la oscuridad, tosiendo como un perro, decadente como el amarillo, camiones como el de mi padre, camionetas como la maldita camioneta qué no se paró a ver que atrocidad había hecho sin decir una palabra, sin pedir una disculpa cuando mato a mi perra, lágrimas, lagrimas empezaron a correr por mi rosto, saladas no dulces como la sangre,  horrores, terrores, cielo lleno de lamentos, muerto en agonía, pútrido en esencia, escaso de sentimiento, ausente de alegría. Nos  tropezábamos una y mil veces con la misma piedra, las puertas de mi casa estaban cerradas,  las ventanas abiertas.

No queríamos ser esclavos de sus relojes pudriendo sus sienes, queríamos ser diferentes, algunos de nosotros éramos personas que cortaron sus muñecas y no lograron su objetivo y lloraron por sentirse tan solos. Nos habíamos quemado por dentro y algunos nunca  pudieron ser el fénix luego de ser reducidos a cenizas, publicidad basura veíamos,  taxis que nos  llevaron  muertos en nuestra  pena y vivos en nuestra gloria por igual. Bebíamos y éramos borrachos que no pudieron llegar a la absoluta realidad y ni siquiera escapar de la otra.

Veíamos las luces y las personas que nos rodaban y pasaban. Recorríamos las grises calles. Sentí lastima por los caminantes de mi ciudad, repitiendo incesantemente lo que dicen los demás sin pensar siquiera una vez por sí mismos, era como si no hubieran vivido nunca.

Nos aturdíamos  todos los sentidos que teníamos, éramos los  desesperados que no hallaron consuelo,  éramos los saltos en masa de quienes se querían sentir bien,  Quienes buscaron a dios en las iglesias, quienes se cansaron de intentarlo.

Éramos las lágrimas, los dedos,  las cortadas, las coartadas, las pupilas, los  pupilos,  los locos del pueblo, los sabios de la mente, la  fatalidad, los libros que habíamos leído, el  periodo interminable de tiempo entre las tres y las cuatro de la madrugada, los teléfonos sin señal que teníamos, la  fiebre y las alucinaciones por la fiebre, los paquetes de cigarrillos que se habían fumado, el fuego que no prendía,  los ocasos, los ojos rojos en la madrugada del tiempo que tenían. Vimos  las destellantes luces frente a la laguna, recorrimos las casas en la cima de las calles o en la cúpula del barro, los caminos sin camino. Las estaciones de gasolina abandonadas, los callejones sin salida.

Los  suicidios, los colores, los rayos asustando a la gente,  los sauces llorones,  éramos todo y nada a la vez.  Unos desconocidos, unos olvidados,  unos muertos,  unos incinerados, los  huesos, los fantasmas en la noche. Y pese a reconocernos efímeros nos sentíamos eternos.

Estaba sentado al lado  de Anabel, ella parecía destruida, tristeza y angustia se notaban en su mirada, hace mucho tiempo a ella le habían roto el corazón y ahora lo tenía duro como una piedra  sin embargo su cabeza loca llena de sueños nunca se vacío y siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás cuando lo necesitan.

_ ¿Qué te pasa?

_Nada

_ ¿Y entonces porque tienes esa cara? Contesto Mateo.

_ Es que hay algo persiguiéndome tal vez incluso ahora mismo, que no me deja dormir por las noches.

_ Te entiendo, a mí me pasa lo mismo… le dije.

En eso preciso momento todos los demás también confesaron al menos haber visto o ahora sentir algo acechándolos en lo oscuro de esa noche…

_ Tal vez sea uno de esos locos que se disfrazan y salen a asustar gente. Dijo Gualicho

_Imposible ¿A todos al mismo tiempo? Dijo Gina

_Tal vez sea alguien que nos conozca, alguien que quiera hacernos daño. Dijo Clara.

Les conté lo que había pasado desde que murió mi abuela y tuvimos la idea de investigar quien era ese ser. Me había pasado varias horas en la biblioteca, informándome, hasta que me canse de no encontrar nada, fue entonces cuando un libro se cayó, lo ojee un poco para ver de qué se trataba, era un álbum con distintas fotografías y dibujos del pueblo, mientras pasaba apresuradamente las paginas, lo vi, tenía la misma mirada que el ser que nos acosaba, me asuste y tire el libro pero me gano la curiosidad, por lo que me dispuse a llevármelo a mi casa...

Capítulo 5: Mateo y el siniestro Editar

Una de esas noches en las que solíamos juntarnos, Fuimos a la plaza donde siempre íbamos a hacer lo que siempre hacíamos y vi la luna, sobre las dos torres de la iglesia de esta ciudad, su lúgubre aspecto inundaba de tensión todo el celaje nocturno, quebrando la pared entre lo tangible y lo ilusorio, el silencio solo se veía herido por aullidos de perros. Ese umbral que dejaba la luna me provocaba una horrible locura al igual que los traumas familiares que acumulaba, quebrándome los sentidos, matándome lentamente, como un dulce veneno, como el aire.

Todo el paisaje tenía algo inocuo, era como atravesar la noche oscura del alma, ese algo aquietaba mi mente, ese algo afligía mi corazón. Me vi a yo mismo en el futuro, me  vi desalentado, me  vi cansado, acabado, abatido, agotado, sumergido en el ambiente gótico, una fuerte crecida del viento me extenuaba, un mal augurio tenia.

Todo lo relacionado a ese paisaje era un solo ser, Clara, Gualicho, Anabel, Mateo, Gina, y yo ¿Partes de un mismo todo? ¿Destinos Cruzados? El mundo podía entendernos por separados pero no como una unidad. Les mostré a los ñeris, el viejo álbum de fotos que encontré en la biblioteca.   

_ ¿Qué vamos a hacer? Les pregunte

_ Hay que contárselo a todo el mundo, hay algo que nos persigue, inclusive ahora y sea lo que sea ya existía desde mucho antes. Dijo Anabel.

_Imposible, nadie nos creería. Dijo Gualicho.

_No se trata solo de nosotros, piensa en los desaparecidos. Seguro ese ser tiene la culpa. Dijo Clara.

En el largo transcurso de la noche nos quedamos sin alcohol por eso yo fui junto con Mateo a un kiosco cercano a comprar más, de pronto un extraño sonido se empezó a oír era como un silbido, fue entonces cuando lo vi, a ese siniestro ser que nos perseguía por las noches, su rostro me parecía familiar nos miramos fijamente y algo me hizo presentir que ya lo conocía, su imagen me produjo escalofríos, Desde ese momento dos preguntas me acecharían por siempre ¿Quién era él? ¿Y porque me parecía tan familiar? Me voltee por unos segundos y le dije a Mateo.

_¿Qué es eso ?

Él se quedó estupefacto frente a la situación, mi curiosidad gano y volví a mirarle, para mi sorpresa el ya no estaba y Mateo tampoco. Volví corriendo desesperado junto con los ñeris.

_ ¿Qué paso? ¿Dónde está Mateo? Pregunto Gina

Fue en ese momento en el que rompí en llanto.

_ Quiero vengarme.

_ ¿De quién?

_De mi suerte, del mundo, de esta ciudad la que más odio.

Ese ser toca la frente de Mateo, el cual empieza a gritar, cayendo al piso.

_ Lo que sientes es un dolor tan agudo como quemar cada parte de tu ser. Imagina, solo son atisbos del dolor que yo he soportado.

Ese ser se divertía con su víctima.

_ ¡Callate! O tu sangre regara mis plantas...

Mateo se levanta, con la cara crispada del dolor tratando de autoconsolarse.    

_Amo el sufrimiento ajeno, tanto como odio el propio. Ahora los ñeris verán como la  sangre de uno de los suyos fue derramada en el suelo por mí. En mi sendero estoy destruido por dentro. Por eso voy a crear una nueva humanidad que será mi símbolo del odio a este mundo, voy a hacerlos a todos enloquecer. Este es tan solo el principio, ahora no te me desvanezcas. ¡Eres súper entretenido! ¡Casi me preocupas...!

En eso ese ser lo embistió y sujeto su cuerpo al que decidió amarrar  para así empezar su tortura, Mateo que recién reaccionaba observo a su alrededor, pensaba que esa bestia acabaría con el y luego intentaría matarlo, De pronto su mente se ausento, ese ser siguió torturándolo y el sintió su respiración en la nuca, se sintió denigrado y miro el lugar no había ningún elemento contundente, nada que pudiera utilizar, sus puños estaban atados. Ese ser respiraba con fuerza mientras gozaba viendo caer sus lágrimas, él quería sus venas, Mateo comenzó a sentir el verdadero dolor.

_Veo que tu dolor ya ha comenzado.

_ ¡Por favor, déjame! ¡Duele, duele mucho¡

El gritaba por culpa del dolor que sentía, Su sangre empezó a salir de su cuerpo.

_ ¿Te duele no, pero si apenas empiezo? Hacía tiempo que no he visto sangrar a nadie por mis propias manos. Eso me gusta... Ahora siente la presión en tu garganta, tose e intenta respirar en vano, huele el hierro del plasma.

Capítulo 6: Mi casa Editar

Pasaron las semanas pero nosotros, su familia e inclusive el pueblo entero nunca dejo de buscar a Mateo y a los demás desaparecidos, nunca podría decirle a nadie lo que vi cuando vi a ese siniestro ser, porque su naturaleza era de un horror indescriptible.

Uno de esos días en los que regresaba a mi hogar, Pude notar como ese siniestro ser estaba viniendo y espiándome de vuelta otra vez más, podía notar las señales, las nubes se habían amontonado y acrecentado, el viento era cada vez mayor, más frío, más fuerte al igual que los relámpagos. Sin embargo pronto estos cesarán para dejar al pueblo como siempre había estado en la solitaria penumbra inhumana, las farolas de la calle tiritaban intermitentes, el tiempo parecía haberse descontrolado, los árboles casi habían parecido cobrar vida y ahora se encontraban en extrañas posiciones, había miseria volando alrededor mío.

Pronto sentí el terror a través de las paredes era como si ese ser se estubiera acercando. Salió a la calle y se escondió entre las sombras, el  siniestro camino en la soledad de la noche, pero ahora es diferente ya no está solo está acompañado. Una misteriosa sexta se había formado en su honor y a la madrugada salían a cazar personas disfrazados y armados con motosierras y  demás elementos punzantes, es una realidad que estremece de horror a  todo 25 de mayo ya que nuevamente la gente desaparece.

Llegue a mi casa.

~¿Este era el lugar en el que yo siendo apenas un niño quería vivir? exclame ante la nada misma del vacío entre la neblina que cubría la  vasta extensión del terreno.~

Una pregunta sin respuesta que se perdería a través de los años en mi mente y lo más profundo de mí ser.

Vi todos mis sueños rotos noche tras noche, ahora eran pesadillas, Entre por  la sala de estar y subiendo las escaleras al entrar a mi dormitorio. Me  encontré con mi cuarto completamente desordenado, con libros esparcidos por doquier tal vez alguno de esos lunáticos se habría metido a mi cuarto a robar y como no encontró nada se fue.

Luego de eso las horas pasaron rápidas, sin apenas sentirlas, no podía recordar lo que había sucedido, lo que si podía sentir era como poco a poco por el desgaste emocional de la situación me volvía más vulnerable. Pronto logre percibir como sucumbía al tedio y fui dominando por el cruel paisaje de mi hogar, sin siquiera sentir la fuerza necesaria para salir de la casa.

Viento hacía de noche pero no era el viento y nada más, un cuervo se posaba en una rama marchita que daba a mi habitación, y el cuervo dijo "Nunca Más" Pensé para mis adentros.

Recordaba mis ataques de pánico, eran de esos días en los que ese ser me acechaba, sentía dolores, pero no había dolores, solo eran ilusiones, estaba dando pasos hacia atrás, retrocediendo aunque me dijeron que no lo haga.

Los labios de las demás personas en mi casa se estaban moviendo pero no los sentía exclamar palabra alguna, hundido en mi somnolencia eterna, no podía oír lo que dicen, guerra se escuchó cuando todo lo demás en mi había callado.

Ardor en mi piel, tristeza inyectada. Mis pulmones revientan y no puedo moverme más. Ya no importaba si me autodestruía con mezclas de antidepresivos, ansiolíticos, demás píldoras y alcohol...solo son venas que se gastan, y un cuerpo que siempre sana aunque a veces no quisiera que lo haga tan rápido, no habrá más dolor, trataba de auto convencerme, no habrá más dolor a menos que lo considere necesario, necesario para vivir.

~Yo no soy así, ¿porque me he acostumbrado a sufrir? Ahora esto es normal para mí.~

Me sentía enfermo, no podía salir de aquí. Mis pasos cada vez se hacían más rectos más parecidos a los de ese siniestro ser que nos acechaba a mi y a los demás ñeris , veía nacer oscuridad en mi interior, convirtiéndome mutando otra vez, una persona diferente empezaba a ser.

No me podía dormir y fui a bañarme al terminar de hacerlo, al secarme tenía la costumbre de mirarme al espejo y esa noche cuando fui a verme, sentí un horrible escalofrío, lo vi en el espejo detrás de mí, estaba ahí parado, blanco y yo tieso, paralizado y casi como susurrándome dijo.

_Todos van a morir...

Tome la navaja que usaba para afeitarme y cuando voltee ya no estaba...

Yo estuve y quizá aún estaba sin saber qué hacer, era y sigo siendo simplemente un diablo triste, mis horas son deshoras, mis problemas tormentos que a nadie les interesaba o peor aún las demás personas se alegran de que yo los tenga. ¿Qué me está pasando? Me preguntaba ¿Porque no podía dejar de pensar? Las malditas dudas en mi cabeza no paran, y no hay manera de seguir transitando este absurdo, cuando no se sabe qué hacer, la gente que piensa distinto que yo, la gente que me quiere matar, es la única que siempre está cerca mío.

Pronto su voz se pudo oír en mi cabeza mientras pronunciaba su discurso…

Porque no puedes buscar en mis mundos propios, ver el secreto de mi sonrisa, y analizar la insignificancia de tus llantos.

Porque ambos tú y yo sabemos que ocurren fenómenos extraños en este lugar.

Mis amigos con sus motosierras salen como los cazadores que son en busca de su presa, bajo la noche, bajo la lluvia, la soledad…

Solo mis ojos llegas a imaginarte porque sabes que te observan ahora mismo en la inmensidad de la nada, donde tú no puedes ver cuando te das vuelta y me buscas…

Tan solo mira a mis amigos, ellos están sentados solos en esas sillas a altas horas de la madrugada, soltando sus globos y enviándolos a la muerte, a ver si descubres mi procedencia…

Que lo rojo de mi cara no es pintura, que lo blanco en mi piel no es maquillaje, porque hace tiempos atrás me queme el peor de todos los fuegos y me hundí en las aguas negras del pensamiento más bestial, tan solo para que ese eterno sufrimiento deje de atormentarme.

Yo sé que por la noche no quieres moverte de donde estas sentado… si te levantas de tu silla o tan solo te mueves de tu actual posición, yo me manifestare delante de ti, pero no, aun sabiendo eso te paras…Y piensas que  si das pasos cortos, no te oiré, pero tan solo dime que es lo que sientes, adivino te sientes  aún más inseguro ahora…

 ¿Por qué piensas que no puedo atacarte fuera de ese poso  al que caes eternamente? y regresas  cuando cae la noche… Porque aquella vez que habías sentido miedo, fue cuando tu mente se percató de mi existencia por primera vez…Tan solo espere  el momento indicado para pasar a este plano,

Soy el Ser que te hace tomar decisiones malas.

 Soy la oscuridad que ves en la noche.

 Soy la pesadilla de la que nunca despertaras,

Soy la muerte que viene a buscarte y  te des vuelta me aparezca y me veas y solo ese baste…

En el cementerio yacen todos mis trofeos...Solo mis ojos llegas a imaginarte porque sabes que te observan ahora mismo en la inmensidad de la nada, donde tú no puedes ver cuando te das vuelta y me buscas…

¿Sabes que estoy ahí? Hasta en los mismos espejos puedes verme,  sé que me sientes cada vez que te quedas solo, y los perros ladran hacia la nada cuando me hago presente…Soy tan real como tu miedo a la oscuridad, Deja de preocuparte porque no me hacen daños las balas, disfruto tanto como tú o más cuando me apuñalas múltiples veces solo para descubrir que no puedes matar lo que yace eternamente en grandes eones de tiempo…Corres, huyes de mí y tropiezas intentas levantarte y  lo consigues…

Pero sabes que soy más rápido que tú y que ese error te costara caro.

Tan solo calla porque ese ser puede escucharte y no mires atrás porque él puede verte, está desapareciendo el tiempo y ves la noche más larga, ya ha llegado el fin, ese ser despertó, ese ser ya está aquí…

Capítulo 7: La casa rosa Editar

Como todos los días  me embriaga recorriendo los alrededores de mi barrio, la cerveza tenia gusto a sangre, veía escasas personas pasar, esas que de ninguna manera podrían concebir las ideas que se generaban en mi cabeza. Sabía que la tormenta volvería a pasar ya que ella siempre estaba presente en mi interior, los días grises no querían salir de mí o quizá yo no los dejaba escapar debido al hecho de que me había acostumbrado a ellos, tal vez los días grises ya no sabían cómo vivir sin mí.

Pronto un móvil policial paso muy lentamente por donde yo me encontraba.

Al cruzar las calles me detuvieron, mierda, susurre para mis adentros.

_Díganos sus datos por favor.

_ ¿Por qué razón tendría que hacerlo?

_ Mataron a una mujer ayer ¿Sabias?

_ No

Luego de eso regrese a mi casa, mi madre estaba revisando antiguas fotografías, por lo que decidí también hacerlo, hasta que encontré una en particular era de los ñeris cuando éramos jóvenes y recién nos conocíamos, estábamos en la casa rosa abandonada de la laguna, sin embargo una sensación de escalofríos nuevamente se apoderó de mi cuerpo, era el, ese ser siniestro, estaba ahí detrás de nosotros como una sombra.

Esa noche de tanto pensar en aquella fotografía, el recuerdo se materializo en una pesadilla, recordé ese día casi a la perfección y el momento en el cual nos adentramos en esa casa, sin embargo ahí Mateo estaba herido y pedía ayuda, me desperté exaltado, transpirando frió, de pronto un pensamiento surgió en mi cabeza, la casa rosa, ahí era donde podía estar Mateo, por lo que decidí reunirme con los ñeris.

Partimos esa misma noche a pesar de que una horrible tormenta se había desatado, la negrura vacía se arremolinaba a nuestro alrededor. Murmurábamos entre nosotros, mientras continuábamos con el viento en nuestra contra.

Algo se sentía un poco extraño, no sé si serian por los grandes truenos que caían, o los relámpagos que a veces parecieran mostrar horrorosas figuras fantasmagóricas que en realidad no estaban allí... ¿Oh tal vez si?  Como sea...

Todos miramos en silencio la casa abandonada, había algo oscuro allí pero por otra parte una parte de nosotros, decía que entremos o tal vez, ese ser quería que entráramos.

_ ¿Vive gente cerca de aquí? Pregunto Gina a lo que Gualicho contesto

_No, hace mucho tiempo que no lo hace.

Se podía escuchar las hojas romperse mientras caminábamos, el crujido de las hojas parecía demasiado alto para dar cuenta de tan solo nosotros…

_ ¿Ven algo? Pregunto Clara

__Nada, le conteste.

Entramos por una de las ventanas, Ese ser estaba ahí, no había duda alguna de eso, el lugar parecía haber sido refaccionado, quizá por los miembros de la sexta, aun así sentía lo que había sentido la primera vez que había entrado allí, un ambiente tenso en el aire, allí había botellas de cerveza tiradas y dibujos raros en las paredes, de pronto nos dimos cuenta de que algo había raro allí, algo que no estaba y ahora si existía en ese lugar, era un sótano.

Nos dispusimos a entrar, pero antes miramos a afueras de la casa, nada, la calle estaba desierta, había mucha humedad ahí adentro y vidrios rotos

Pronto sentimos como si algo se ocultara más allá de nuestra línea de visión, pronto un extraño ruido se escucho

_ ¿Quién está ahí? Pregunto Gina

El ruido empezó a hacerse cada vez más fuerte mientras las tensión entre nosotros aumentaba.

_Basta de distracciones, continuemos…

Continuamos nuestro recorrido por la casa, la lluvia chocaba contra nuestras espaldas fuertemente, estábamos empapados, En ese mismo momento sin saber yo porque, me detuve lentamente. Mi visión empezó a tornarse borrosa, y un fuerte ruido fue creciendo dentro de mi cabeza. Creía yo que lo que oía no era más que un producto de mi imaginación, ahora demente ya que ignorando el ruido de la lluvia todo estaba completamente en silencio.

_ ¿Qué te sucede? Pregunto Gualicho

Pero yo no contestaba caí de rodillas y pronto me sentí solo en el medio de la casa, mientras me sujetaba a la barandilla de la escalera y oprimía fuertemente la frente con  una de mis manos tratando de calmar el repentino ataque de migraña que en mi había surgido, finalmente gire mi vista en la dirección donde se encontraban una difusa imagen de mis amigos, mientras exclame…

_ ¡Mi cabeza! esa bestia está ahí...devorándome por dentro.

Estaba desequilibrado, el agua, la fría agua me paralizaba, mientras yo era incapaz de contenerme.

_No lo soporto más… ¡El me dominara!

_Concéntrate, no debes perder el control. Dijo Anabel

El ruido y la lluvia que me ahogaban poco a poco comenzaban a inquietarme más, era más que una simple molestia. Desde mi dolor, caí al sótano, Cuando mis ojos se reajustaron a la oscuridad una vez más, la visión borrosa desapareció y vi algo de color blanco, como flotando por encima de mi...mi mirada se centró rápidamente en eso, pero lo que había estado en frente mío hace algunos segundos, había desaparecido...

_ ¿Qué eres?

Comencé a reírme, mi mente estaba en otra parta ya lejos de allí,

Grite desde la parte superior de mis pulmones con la esperanza de recibir algún tipo de respuesta... Cuando empecé a caminar de nuevo, sentí un leve hormigueo en el cuello, ya no era mi cuello y si esa siniestra entidad seguía manifestándose de tal forma, ya no sería mi cuerpo.

_! No dejes que te controle ¡trata de convertirte en uno de los suyos! Grito Clara

No lo soportaba más, comencé a golpear fuertemente mi cabeza repetidas veces contra la pared.

_ ¡No! ¿Qué haces? Pregunto Anabel

_ ¡Quiero sacármelo de la cabeza!

Seguí golpeando hasta que finalmente comencé a sangrar…

_ ¿Ya ha terminado todo? Les pregunte y entonces todos oímos una vos susurrante.

_No, tan solo es el principio.

Las botellas que estaban esparcidas por el suelo estallaron, Mis amigos me preguntaron si estaba bien, pero no respondí, la ansiedad me llevo lejos y de a poco empiezo a sentir el dolor que paraliza mi cuerpo y a la vez me hace temblar. Estaba vivo, pero mi cuerpo perdía el sentido y la ansiedad me llevaba lejos. Se me estaba yendo la situación de las manos y las luces más fuertes empezaban a brillar y contra las paredes chocaba.

Estaba fuera de control, de algún modo había dejado ir con la ansiedad el sentido de mi cuerpo, no quería compasión alguna de nadie… estaba vivo, pero incluso mi vida perdía el sentido si la ansiedad me llevaba a esa maldita lejanía.

Capítulo 8: La tormenta Editar

Luego de eso deje de reunirme con los ñeris debido a mis ataques de pánico y sentí un enorme vació en mi ser, no recordaba como había logrado salir de allí, supongo que luego de eso algunos se fueron a estudiar mientras otros todavía debían terminar la escuela, yo me dedique a escribir y pintar como también a la bebida. En una de esas lagunas mentales en las cuales me sumerjo mientras pienso se había hecho demasiado tarde, por lo que decidí salir del bar, recuerdo que antes de irme el aroma estaba enrarecido, algo raro sucedía en mi… llovía y no sé porque sentí la necesidad de ir a la casa rosa, en ese preciso instante.

En el medio de la plaza, vi las luces y las personas que me rodean y pasan, intento frenar el denso aire del lugar inútilmente, recorro las grises calles de esta ciudad, pienso que mi drama no es si el vaso esta medio vacío, mi problema es con la botella, conozco cada rincón, cada recoveco de este pueblo. Suenan las campanadas de la iglesia, y me doy cuenta que estaba jugando con el tiempo, ese mismo tiempo que se me escapa de las manos,

Tú no has visto esta ciudad como yo, no has caminado solo por el medio de sus calles en una madrugada sin temor a que un auto te mate, no has visto sus luces reflejarse en la laguna, no te has perdido voluntariamente por los senderos detrás del cementerio y has ido a parar al fonavi y tampoco te has detenido a observar sus grafitis esos que rezan oraciones como ¿A dónde están los poetas? O no somos imposibles.

No sabes lo que es sentir que de tu nada no puede surgir ningún todo, que te llenas de ausencias, mi mirada estaba agitada de tanto pesar, mis parpados rojos como la sangre frente al desesperante vacío que no se puede sellar, me pregunto ¿Que habrá sido de tu vida? Al ver las antiguas versiones de mi reducida a cenizas, es insoportable ya el asqueroso vacío. En este lugar para mí ya no hay hogar, silencios como cuchillos me apuñalaron, mi alma no puede despertar nuevamente de su descansando se apagó luego de tantas torturas y lamentos, ahora vive en letargo, sus heridas lagrimas son, si mi ser se desangra no es tu culpa, de todos modos que vas a hacer si esta pena no me mato antes no lo hará ahora, solo esperare que por fin pueda pasar el amargo malestar de las horas.

Me quede mirando el abismal celaje nocturno con firme recelo, fijo en un mismo punto mientras veía la pálida luna llena y trataba de parar el viento frio que mi cara estaba golpeando y de repente una sensación de escalofríos me llevo al medio de un colapso emocional, y sentí que todo el horizonte me cubría en su aurora de pena y de repente había perdido el sentimiento de mi espíritu, había perdido lo que me sustentaba y ahora ya no sabía dónde estaba mi mente

Este era un lugar donde risas me producían llanto y ecos, lagrimas, contemple el cruel paisaje que me rodeaba, Hacia frio y una espesa niebla rodeaba esos lares, De mi nariz estallaron venas y esta empezó a sangrar. Seguí explorando minuciosamente el lugar, sofocado por el polvo me encontraba sumido ante el asombro.

El patrón de la vida humana se retorcía, en el pasado y el futuro, y el presente era unos zarcillos de pensamientos redondos. Dejamos que nuestros corazones se corrompan y en un solo quiebre de razón, Una eternidad de recuerdos quietos y apaciguados nos atormentan.

Los alcanforeros sentían la presencia que avanzaba y acechaba allá donde ningún espíritu osa aventurarse, un fuerte viento despeino mis cabellos y lo que se puso delante de mí era similar de cierta manera a un hombre, pero no... A eso no podía llamársele hombre, era un rostro pálido, blanco, que ya había imaginado en mi mente tiempo atrás, luego de establecer contacto por primera vez con semejante criatura en aquella otra ocasión...pero ahora era distinto, había cambiado y se había transformando en un ser completamente tenebroso, no sabría cómo explicarlo, el temor y el pavor que en mi provoco era absoluto, sentía que esa sonrisa dibujada en su rostro semicarnoso pronto me hablaría

– ¿A dónde vas a estas horas de la noche? –

No podía huir de eso que me rodeaba y sonríe obscenamente. Apele a la astucia que no tenía, el comenzó a envestirme, me sondeaba con su cara podrida…

_ ¡Mírame! ¡Mírame!

Tras pronunciar aquellas palabras, ese ser extendió uno de sus largos y huesudos dedos y me toco la frente provocándome una sensación de ardor indescriptible que me instaba a abrir mis ojos, pero yo no quería mirar, no podía, no debía hacerlo, sabía lo que sucedería, me vería en sus ojos, finamente logro que rechace mis propios impulsos, el propio control de mi persona y mis ojos se abrieron, obligándome a gritar desde lo mas profundo de mis entrañas en vano, por un terror que nada podría calmar.

_ ¡Déjame en paz!

Escuchaba gritos y el susurro de almas en pena dando su último suspiro, un diluvio se estaba por formar, era la arremetida más voraz del cielo que había visto en mi vida, solo como un cielo siniestro podría describir el paisaje que se solventaba por arriba mío, algo parecido a un tifón, flotando incesantemente y latiendo. Era un enorme cumulo de sombras aún más negra que la noche, una nube informe de humo. Resonaban en mi cabeza los histéricos alaridos de esa bestia, Su figura era casi indescriptible, era lo más tenebroso que jamás había visto en toda mi vida. Ese monstruo que habita en la más sombría y mórbida oscuridad. Sus gemidos de demonio invisible, el horror que surgía a través de las aguas verdosas. Una extraña fuerza o entidad, que era la liberación de algo malo, de una oscuridad infinita que estaba ahí, porque sabía que iba a hacer algo horrible y se alimentaba del miedo y la incertidumbre de mi duda. Ni bien me distrajera sabría que se tornaría de una tonalidad más oscura que la oscuridad misma.

Capítulo 9: El amanecer Editar

Un amanecer, lo último lo que recuerdo es un amanecer

Me encontraba herido, parecía haber salido de una pelea, todas las personas de 25 de mayo parecían haber desaparecido ¿Estarían en sus casas? ¿Tan temprano? O quizá… algo habría ocurrido con ellas, debería estar pudriéndome en el infierno.

_ Solo es un momento malo y pasará…

Me dije a mi mismo alguna vez hace mucho tiempo, así fui acallando mi mal sentir con una sonrisa fingida por días, meses, años, hasta que llegó un momento en el que no lo soporté más y me sentí tan miserablemente humano en la solitaria penumbra inhumana; y de a poco lo voy recordando,  que el mundo ya no es el de antes y  yo tampoco, no sé cómo he sobrevivo a tantas muertes y dolor.

No importan mis acciones, no importa lo que elija ser, siempre término acosado por la noche y el siniestro miedo a la muerte de la humanidad quizá hay algo mal en mí y por eso aun creo que puedo ser más fuerte que todas esas noches que me intentan derribar.

Ni siquiera pude cambiarme a mí mismo, menos podría pretender hacerlo con el mundo,  algo se quebró en mi interior, cuando el mundo se quebró, cuando este libro se quebró. No se la verdad de qué, pero sentía arrepentimientos, arrepentimientos que me carcomían el alma, necesito tiempo para pensar, para sanarme.

Los recuerdos poco a poco volvían a mi mente aunque desordenados, la desaparición de Mateo, una discusión con los ñeris, no el motivo, luego imágenes sueltas de cómo el mundo se fue a la mierda y se convirtió en  un infierno y finalmente devuelta un amanecer,  todo lo que recuerdo es un amanecer.

_ ¿Quién soy?

Me preguntaba frente a un charco de agua en la laguna donde se podía ver mi reflejo, no lo podía creer, en ese mismo momento pude recordar al mozo en el piso con una expresión de asustado y a todo el bar también, a mis amigos quemándose vivos y por ultimo a Mateo con un chuchillo clavado y puedo ver que mano se la estaba clavando, era una mano huesuda y alargada y era mi mano, y por ultimo vuelvo a ver mi reflejo sorprendentemente era pálido.

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